Los Lemas



Cuando me encuentro hundido en tensiones agudas, prolongar mis caminatas diarias y repito lentamente nuestra Oración de la Serenidad al ritmo de mis pasos y de mi respiración.
Si siento que mi dolor a sido en parte causado por los demás, trato de repetir: “Dios concédeme serenidad para amar lo mejor de ellos y no temer lo peor”. Este proceso benigno y curativo de la repetición, que muchas veces es necesario repetir durante algunos días, raras veces ha fallado para restablecerme, por lo menos hasta un equilibrio emocional.
Cuando me siento deprimido, me repito a mi mismo frases tales como: “No hay que temer ningún mal”. “También esto pasara”. “Esta experiencia puede convertirse en algo muy provechoso”.
Estos fragmentos de oración me dan alo muco mayor que mero aliento. Me conservan en el camino de la aceptación adecuada; rompen mis compulsiones de culpa, depresión, rebeldía y orgullo; y a veces me dotan del “valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia”.


Bill W.
Cofundador de AA

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